Las Semillas Mágicas de Jesús

Había una vez, en un gran campo lleno de flores y mariposas, un campesino muy bueno llamado Jesús. A Jesús le encantaba caminar por los senderos y contar historias a sus amigos.
Un día radiante, Jesús tomó un gran bolso de tela repleto de semillas doradas y mágicas. ¡Esas semillas eran la voz de Dios, cargadas de amor y bondad! Con una sonrisa enorme, el campesino empezó a sembrar haciendo ¡zuum, zuum! tirando las semillas por todas partes.
Las semillas volaron por el aire y cayeron en cuatro lugares diferentes.
El camino duro
Las primeras semillas cayeron sobre el camino de tierra pisada. ¡Toc, toc! rebotaron en el suelo duro. De repente, llegaron volando unos pajaritos hambrientos y... ¡miau, pico, pico! ¡Plop! Se las comieron toditas en un segundo.
Jesús explicó con ternura: "Esto pasa cuando escuchamos algo bueno, pero miramos hacia otro lado y nos distraemos. ¡Vuela la idea antes de que pueda crecer!"
El suelo de piedras
Otras semillas cayeron en un terreno lleno de piedras. La semillita logró asomarse y ¡chín! brotó un verde muy chiquito y feliz. Pero cuando el sol gigante salió y dio mucho calor, ¡uf! La plantita no tenía raíces profundas para beber agua, así que se puso triste y se secó.
Jesús dijo: "A veces nos entusiasmamos mucho con una idea bella, pero cuando aparece un problema chiquito, nos rendimos rápido."
El lugar de las espinas
Otras semillas cayeron donde crecían plantas con espinas y pinches. La semilla creció y creció, pero las espinas verdes la abrazaron tan pero tan fuerte que no la dejaron respirar. ¡Ajj! La plantita no pudo sacar ninguna flor.
Jesús contó: "Esto ocurre cuando la cabeza se nos llena de berrinches, ganas de comprar juguetes todo el tiempo o muchas preocupaciones. ¡Esas cosas ahogan el amor en el corazón!"
La tierra buena y suave
Pero al final, las últimas semillas cayeron en la tierra más linda de todas: blandita, negra, húmeda y calientita. La semillita durmió una siesta, tomó mucha agua y... ¡BUM! Creció una planta gigante, verde y llena de frutos rojos y jugosos. ¡Salió un fruto, dos, diez, cien frutos deliciosos!
Jesús sonrió con ojos brillantes y dijo: "Esta tierra buena es el corazón de los niños que escuchan con cariño, guardan el amor muy dentro y ayudan a sus amigos."
El campesino se sentó en el pasto, miró a todos los pequeños y les preguntó suavemente:
—Y tú, ¿qué tipo de tierrita quieres tener hoy en tu corazón?
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